¿Sabías que tenemos un segundo cerebro lleno de bichitos que son beneficiosos para nuestra salud?

En este sentido, ya en este artículo te comenté que bajar la inflamación intestinal es una de las claves para tener una buena salud mental. Por ello, debido a su extensión, el contenido de este artículo lo dividiré en dos partes:

  • En esta primera parte, correspondiente a este artículo: Qué saber de tu segundo cerebro para mantener saludable tu intestino y tu mente.
  • En la segunda parte: Consejos para mantener feliz a nuestra microbiota intestinal.

Evolución del intestino

A día de hoy, todavía sigue existiendo confusión cuando hablamos de flora intestinal. O mejor dicho, microbiota intestinal. Te invito a leer ambos artículos y de este modo, comprender aún más tu salud holística.

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Antes de bajarnos de los árboles teníamos un gran intestino grueso para poder fermentar las grandes cantidades de vegetales que nos llevábamos a la boca.

Seguimos evolucionando en el tiempo, nos pusimos a dos piernas e hicimos el descubrimiento que lo cambiaría todo.

¿América? ¡No! ¡El fuego!

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Con el fuego empezaron nuestros primeros pinitos como cocineros. Pasamos de una dieta exclusiva de frutas y vegetales a una alimentación más variada y cocinada de carnes y tubérculos.

Por ejemplo, si comparamos nuestros intestinos con los del chimpancé (por ser lo más cercano que tenemos), vemos que contamos con más del doble de intestino delgado que ellos y menos de la mitad de intestino grueso.

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Fuente: “Nutritional Characteristics of Wild Primate Foods” de Katharine Milton, Journal of Nutrition, 1999

 

Posteriomente, la evolución hizo que nuestro intestino grueso empezará a reducir su tamaño. Al cocinar los alimentos, las digestiones eran más ligeras. Por el contrario, nuestro intestino delgado empezó a hacerse más largo, con entre 3 y 7 metros de longitud.

Entre los dos intestinos puede haber más de 7 metros. Por lo tanto, entender la microbiota intestinal y las diferentes especies resulta de vital importancia para nuestra salud, aunque, a día de hoy, existen muchas dolencias y enfermedades que aún no están identificadas por la ciencia.

 

Características de la microbiota intestinal

La microbiota intestinal son las bacterias, los hongos y los virus que están alojados en la pared intestinal, cuya tarea es garantizar que otros órganos y sistemas se encuentren saludables. Modular nuestro sistema inmune y protegernos de las enfermedades son algunas de sus otras funciones.

Sin embargo, no solo tenemos microbiota intestinal. También disponemos de microbiota en la piel, en la boca, en la garganta, en la vagina y en el pene. Así que, calificar al ser humano como individuo sería algo erróneo, puesto que tenemos diez veces más bacterias que células humanas.

Y tras esto, me surgen la siguiente pregunta: ¿Quién es el invitado? ¿Los microorganismos o nosotros?

Afortunadamente, la mayoría de estos pequeños con los que compartimos funciones son beneficiosos para nuestra salud. Entre todos formamos un ecosistema que ha evolucionado a lo largo de los milenios.

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En el intestino grueso habitan mayoritariamente las cepas de Bifidobacterium y en el intestino delgado, las de Lactobacillus. Si se altera la proporción o la distribución de estas por estrés, una mala alimentación, exceso de medicación, abuso de higiene, gestación, parto y unos primeros años de vida incoherentes puedes encontrarte con los siguientes estados y enfermedades:

  • Disbiosis
  • Permeabilidad intestinal
  • Sobrecremiento bacteriano en el intestino delgado (SIBO)
  • Enfermedad de Crohn
  • Colitis Uucerosa
  • Cáncer de Colón
  • Autismo
  • Parkinson
  • Obesidad
  • Depresión y ansiedad
  • Acné
  • Enfermedad coronaria
  • Eczema, psoriasis y dermatitis
  • Asma
  • Diabetes

La importancia del eje cerebro-intestino

En el año 2008, el Instituto de Salud de los Estados Unidos inició un estudio, de 5 años de duración, denominado Proyecto de Microbioma Humano ( HMP o The Human Microbiome Project, en inglés). Esta investigación sirvió para comprender la inmensidad de los habitantes bacterianos, virales y fúngicos del ser humano (detalle).

O tal y como explican en su web: “El objetivo del HMP es describir las comunidades microbianas encontradas en diferentes partes del cuerpo humano y estudiar las correlaciones entre los cambios en el microbioma y la salud de las personas”.

Toda esta información ha ayudado a comprender la interacción entre la microbiota, el sistema nervioso entérico (ENS o Enteric Nervous System, en inglés)  y el cerebro.

El ENS se encarga de controlar las funciones gastrointestinales más importantes, como la ingesta, la absorción, el metabolismo y la digestión de los alimentos. Resulta tan complejo que es capaz de actuar independientemente del cerebro. Por esa razón, se habla del intestino como el segundo cerebro.

Día tras día, intestino y cerebro se comunican sin parar. Por ejemplo, cuando te pones nervioso a la hora de enfrentarte a un examen y te entra cagalera, o cuando estás enamorado y sientes un leve cosquilleo en el estómago.

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Esta unión recibe el nombre de eje intestinal-cerebral (GBA o Gut- Brain Axis en inglés. Este GBA consiste en una comunicación bidireccional entre el sistema nervioso central y el sistema entérico, que une los centros emocionales y cognitivos del cerebro con las funciones intestinales periféricas.

Dicha relación no solo mantiene un equilibrio en nuestros intestinos, sino que también puede tener efectos en nuestra motivación y estados de ánimo

Un desajuste en tu microbiota puede influir en la aparición de ansiedad y comportamientos depresivos y, más recientemente, en la alteración de los tipos y las cantidades de microbiota (disbiosis) en personas con autismo. De hecho, los pacientes autistas presentan alteraciones específicas de la microbiota según la gravedad de la enfermedad.

Una disbiosis pobre en tu microbiota intestinal favorece la enfermedad– (Marcos Vázquez)

 

La ‘autopista’ para comunicar el eje cerebro-intestino

El nervio vago es el encargado de vagar por nuestro sistema y conectar todos nuestros órganos con el cerebro. El intestino tiene mucho tejido nervioso y en su interior se generan muchas hormonas. Por ejemplo, la hormona de los estados de ánimo, la serotonina o la hormona de la actividad motora, el comportamiento y la motivación, llamada dopamina, que también tienen que ver con respetar los ritmos circadianos del cuerpo.

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Por tanto, si presentas desajustes en tu salud holística, el nervio vago se dará cuenta de que algo va mal, pudiendo afectarte en doble sentido:  de arriba hacia abajo (cerebro-intestino) y de abajo hacia arriba (intestino-cerebro).

 

De arriba hacia abajo

El estrés en el entorno del siglo XXI es uno de los factores que puede alterar el equilibrio de tu microbiotaEl nervio vago conecta todos los órganos a la médula, que a su vez está unida al cerebro.

El cerebro y el tronco encefálico se encargan de mandar los impulsos, a través del nervio vago, a una serie de válvulas que están en el intestino. Pero, si tienes unos hábitos de estrés continuo, la válvula que actúa como puerta entre el intestino grueso y el delgado se queda abierta por mucho tiempo y las bacterias del intestino grueso hacen un viaje al intestino delgado.

Está claro que estas bacterias no pertenecen al intestino delgado y aquí pueden empezar algunos problemas en tu salud, como la inflamación de la pared intestinal y el sobrecrecimiento bacteriano en el intestino delgado (SIBO).

 

De abajo hacia arriba

A nivel del intestino, si tu microbiota amigable es muy baja, puede aparecer la permeabilidad intestinal, que puede derivar en síntomas como:

  • Gases
  • Hinchazón
  • Distensión abdominal
  • Reflujo
  • Diarrea
  • Estreñimiento
  • Ardor estomacal
  • Algunos problemas en la piel

Además,  respecto al cerebro, las poblaciones bajas de Bifidobacterium y Lactobacillus pueden:

  • Alterar la síntesis y el metabolismo de los neurotransmisores
  • Deterioro cognitivo
  • Produce conductas depresivas y ansiosas

Sin ninguna duda, hay mucho por descubrir en el mundo de la microbiota y el eje intestino-cerebro. Todo síntoma, trastorno o enfermedad tiene que tratarse desde una visión holística de la salud. Existen muchos factores a tener en cuenta y un médico actualizado puede ayudarte a separar la paja del grano, con el objetivo de ir a las verdaderas causas de tus problemas intestinales, aunque muchas de las enfermedades de este siglo tienen su origen en los malos hábitos de vida.

Por la parte que me toca, te aconsejo ser el mejor embajador de tu microbiota intestinal. Recuerda que tener hábitos saludables depende de ti, no de tu médico o de tu entrenador.

 

Ser un buen anfitrión

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Sabiendo todo esto, ¿cómo podemos mantener felices a estos pequeños e influyentes bichitos para tener una salud del siglo XXI? Esto lo trataré en la segunda parte del artículo. Sin embargo, te dejo un pequeño adelanto en forma de checks:

  • Alimentación
  • Ayuno intermitente
  • Controlar el estrés con meditación
  • Controlar la ingesta de antibióticos sin prescripción médica
  • Contacto con el medio ambiente
  • Ajustes del ritmo circadiano
  • Movimiento

¡Un abrazo y seguimos aportando salud holística!

 

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